La extraordinaria fascinación por la serie ‘Stranger Things’ explicada por una psicóloga
– Reporte Tico
noviembre 28, 2025
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Para la última temporada de Stranger Things, millones de fanáticos se sumergirán por última vez en Upside Down para presenciar un enfrentamiento épico contra Vecna, quien amenaza a
Para la última temporada de Stranger Things, millones de fanáticos se sumergirán por última vez en Upside Down para presenciar un enfrentamiento épico contra Vecna, quien amenaza a la ciudad de Hawkins y al mundo entero.
Pero, ¿qué despierta nuestra fascinación colectiva por este universo oscuro y lleno de horror?
La respuesta está en principios psicológicos y filosóficos que explican por qué nos atrae no sólo el entretenimiento, sino también la información. Comprender por qué millones de personas se sumergen voluntariamente en el aterrador mundo del «al revés» revela verdades profundas sobre la naturaleza humana y nuestra relación con el miedo.
Desde historias de fantasmas hasta documentales sobre crímenes reales, nuestra obsesión por lo macabro surge de un sesgo hacia la negatividad: la tendencia a reaccionar más intensamente ante la información negativa que ante el contenido positivo o neutral.
Este sesgo hacia la negatividad evolucionó como un sistema de alerta: nuestra respuesta de lucha o huida ante las amenazas. Hoy, que ya no estamos ante tigres dientes de sable, esta alerta se ha transformado en un impulso buscador de emociones para acceder a contenidos aterradores por su intensa excitación.
Esto explica por qué los espectadores se sienten a la vez asustados y cautivados por escenas como la traumática flashbacks de Eleven (Millie Bobby Brown) o los salvajes ataques del Demogorgon.
Todo transcurre en la serie en los años 80.
Nuestros cerebros están programados para responder al peligro, incluso en escenarios imaginarios. Las investigaciones sobre la psicología del terror muestran que quienes buscan estimulación intentan activamente encontrar estímulos negativos para aumentar su excitación.
Por otro lado, los estudios transculturales sobre la curiosidad por temas morbosos revelan que esta atracción se manifiesta en diversas culturas humanas y se basa en mecanismos psicológicos estables, más que en mecanismos culturales específicos.
«Stranger Things» explota con maestría las cuatro dimensiones de nuestra curiosidad morbosa: explorar villanos (como Vecna y el Dr. Brenner), presenciar la violencia (de las criaturas del Upside Down), experimentar el horror corporal (a través de las infecciones de Mind Scourge) y enfrentar amenazas paranormales (las que acechan a Hawkins).
Sistema de recompensas
Esta profunda interacción explica el enorme atractivo global de la serie.
La investigación de neuroimagen que utiliza herramientas de escaneo cerebral como la resonancia magnética funcional (fMRI), que rastrea el flujo sanguíneo y la actividad neuronal en tiempo real, indica que ver contenido perturbador activa el sistema de recompensa del cerebro.
Esta respuesta neurológica explica por qué la serie es a la vez aterradora y profundamente satisfactoria: nuestros sistemas de recompensa refuerzan los beneficios psicológicos de enfrentar el miedo a través de mecanismos ficticios, lo que nos permite practicar la resiliencia emocional y la evaluación de amenazas sin consecuencias reales.
Desde su estreno en 2016, Stranger Things se ha consolidado como un fenómeno cultural global.
Un aspecto popular de Stranger Things es su escenario: los Estados Unidos de los años 80. Esta elección añade una resonancia psicológica más profunda a lo que el filósofo francés Jacques Derriera llamó «hauntología».
La hauntología sugiere que todos estamos «perseguidos» por dos fantasmas. La primera es una vuelta al pasado social, a esa idea de que antes todo era mejor.
El segundo fantasma representa el anhelo de un futuro que promete redención y la creencia de que todavía es posible un cambio significativo.
Presencia y ausencia
Estos dos fantasmas crean una situación entre la presencia y la ausencia, donde rastros persistentes de pasados no resueltos continúan acechando y dando forma al presente.
La ambientación de “Stranger Things” en la década de 1980 sirve como un regreso deliberado a una era idealizada, donde los problemas sociales, económicos y culturales no resueltos del pasado acechan al presente.
Stranger Things llegará a su fin con la quinta temporada, en un parcial final.
El pueblo de Hawkins, donde se ambienta la serie, se presenta como un pueblo idealizado con valores tradicionales y estabilidad económica. Pero bajo esta fachada, la serie desmantela sistemáticamente el mito de la inocencia estadounidense de los años 80 al revelar el trauma psicológico inherente a la vida suburbana perfecta.
Por ejemplo, el «Upside Down» (una dimensión alternativa oscura y decadente que refleja la nuestra) funciona como una manifestación psicológica de lo que el psicólogo Carl Jung llamó la «sombra»: esos aspectos reprimidos de la conciencia individual y colectiva que la sociedad se niega a reconocer.
El Laboratorio Hawkins, que opera en secreto bajo la superficie de la ciudad, representa el lado oscuro del progreso científico estadounidense durante la Guerra Fría, donde los niños se convierten en sujetos de investigación científica.
El abuso sistemático de Eleven a manos del doctor Brenner (interpretado por el actor Matthew Modine) expone cómo la autoridad institucional puede perpetrar un trauma intergeneracional mientras mantiene fachadas de atención benévola.
La serie es conocida por sus referencias a la cultura popular de los 80, como el cine, la música y la moda.
En última instancia, «Stranger Things» es tan adictivo porque explora múltiples capas psicológicas a la vez.
El uso inteligente de la serie de nuestra negatividad natural y nuestra curiosidad por lo morboso mantiene a los espectadores emocionalmente comprometidos desde el principio, mientras que su marco fantasmagórico añade una resonancia más profunda al alentarnos a enfrentar los traumas ocultos detrás de nuestras historias culturales favoritas.
Esta combinación, donde las señales de recompensa de nuestro cerebro se encuentran con una reflexión genuina, ayuda a explicar por qué muchos de nosotros regresamos una y otra vez al misterioso mundo de Hawkins.
Casi se convierte en una forma de terapia compartida, que nos permite superar los miedos a la traición institucional, las heridas infantiles y las crisis sociales a través de historias sobrenaturales que nos hacen sentir seguros.
De esta manera, “Stranger Things” demuestra que nuestro amor por el terror ficticio tiene un propósito real: nos permite practicar la resiliencia mientras criticamos los mismos sistemas que generan nuestras ansiedades cotidianas.
La perdurable popularidad de la serie sugiere que los espectadores captan instintivamente esta doble función, buscando no sólo entretenimiento sino también significado en un mundo donde la línea entre monstruos y horrores sociales se ha vuelto sorprendentemente borrosa.
*Edward White es candidato a doctorado en Psicología en la Universidad de Kingston.