Electrificación solar: el desafío urgente de llevar luz a las escuelas de Chirripó Cabécar
– Reporte Tico
marzo 29, 2026
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En las profundidades de En el territorio indígena de Chirripó Cabécar, donde el acceso vial es limitado o inexistente, no se garantiza el suministro eléctrico. Para decenas de
En las profundidades de En el territorio indígena de Chirripó Cabécar, donde el acceso vial es limitado o inexistente, no se garantiza el suministro eléctrico. Para decenas de escuelas, la energía solar es la única fuente para iluminar las aulas, conservar los alimentos y utilizar herramientas didácticas básicas. Sin embargo, el deterioro de los sistemas y la falta de mantenimiento han vuelto a dejar a muchos centros educativos a oscuras.
Ante esta realidad, una El objetivo del proyecto, impulsado por el Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC) junto a comunidades y aliados externos, es rehabilitar sistemas de electrificación solar en varias escuelas indígenas, comenzando con la escuela San Agustín de Vereh en 2026.
La iniciativa surgió tras una experiencia anterior en 2025, cuando se restableció el sistema eléctrico del Colegio Bäyeiñak. Con una inversión de casi ₡6 millones, el centro educativo logró restablecer la energía y ahora incluso cuenta con monitoreo en tiempo real. Este caso se convirtió en el punto de partida para ampliar el alcance del proyecto a otras comunidades con necesidades similares.
Para este año, La atención se centra en el colegio San Agustín, que actualmente funciona mediante paneles solares y un inversor. pero cuyo banco de baterías ha llegado al final de su vida útil. La intervención incluye la instalación de cuatro baterías de gel de plomo-ácido y un nuevo controlador de carga, así como materiales para mejorar la red eléctrica interna.
El objetivo mínimo es recaudar £1,1 millones para restablecer los servicios básicos. Sin embargo, una meta ampliada de ₡1,9 millones permitiría la instalación de ocho baterías, lo que le daría mayor estabilidad al sistema e incluso permitiría el uso de un congelador para alimentos.
La falta de electricidad en estas escuelas tiene un profundo impacto en la vida diaria. Sin refrigeración no se puede almacenar carne ni garantizar una dieta equilibrada a los estudiantes, lo que repercute directamente en su nutrición y desarrollo. A nivel educativo, la falta de energía limita el acceso a Internet, impide el uso de recursos audiovisuales y dificulta la impresión de materiales didácticos.
Esto también tiene un impacto en el trabajo docente. Sin conexión, los docentes no pueden participar en reuniones virtuales ni coordinar actividades, lo que en muchos casos los obliga a viajar largas distancias, lo que reduce el tiempo efectivo de enseñanza. Incluso algunas pruebas educativas requieren acceso a internet, lo que obliga a los estudiantes a desplazarse a otros centros para realizarlas.
La falta de electricidad también complica la respuesta de emergencia y las comunicaciones en situaciones críticas, especialmente en comunidades que pueden quedar aisladas debido a las condiciones climáticas.
Según Gustavo Richmond Navarro, profesor del TEC e impulsor del proyecto, uno de los principales problemas de estos sistemas es su limitada vida útil.
«Si no se mantienen, podrían volver a fallar en unos cinco años», afirmó.
A esto se suma la falta de formación en el uso y cuidado de los dispositivos, lo que acelera su envejecimiento.
El actual proyecto pretende no sólo instalar o reparar sistemas, sino también trabajar de la mano con las comunidades para fortalecer sus capacidades en las áreas de mantenimiento y gestión energética.
«No se trata sólo de traer equipos, sino de garantizar que las soluciones sean sostenibles en el tiempo», dijo Richmond.
La falta de electrificación en estas zonas se debe a varios factores. La red eléctrica nacional no cubre completamente el área y brindar infraestructura a estas comunidades implica altos costos, dificultades geográficas y procesos de consulta complejos debido a su ubicación en áreas protegidas. En este contexto, la energía solar se presenta como la alternativa más sensata y respetuosa con el medio ambiente.
Sin embargo, el desafío es grande. Se estima que alrededor de 100 centros educativos en la zona de Chirripó Cabécar cuentan con sistemas solares que eventualmente necesitarán mantenimiento o renovación.
El proyecto también incluye otras intervenciones, como la finalización de las obras en la Escuela Bäyeiñak y mejoras en la Escuela Indígena Duchari, donde además de material eléctrico, también será necesario sustituir en el corto plazo hasta 12 baterías.
Las comunidades perciben el acceso a la electricidad como una herramienta que puede mejorar la calidad de vida, facilitar el aprendizaje y fortalecer la comunicación. Sin embargo, también han surgido preocupaciones, particularmente sobre el impacto del acceso a Internet en los jóvenes, lo que demuestra la necesidad de apoyo en estos procesos.
Richmond enfatiza que estas iniciativas no deben verse como soluciones externas impuestas, sino más bien como esfuerzos de colaboración.
“A menudo son las propias comunidades las que se organizan para gestionar estos proyectos”, explicó.
Si no se implementan las medidas previstas para 2026, las escuelas seguirán sin acceso a la electricidad, lo que provocará continuas restricciones en materia de nutrición, educación y comunicación.
“Cada año sin electricidad es un año en el que los estudiantes siguen estando en desventaja”, advirtió el científico.
La electrificación solar en estas zonas es más que un proyecto específico, se presenta como una necesidad urgente para cerrar brechas históricas y garantizar condiciones educativas básicas en comunidades que han estado desatendidas durante décadas.