Competir en la Copa de Campeones de la Concacaf para un club costarricense siempre implica remar contra corriente. Presupuestos más altos, planteles más completos y sedes impresionantes a menudo marcan la diferencia cuando se enfrentan equipos de la MLS o la Liga MX.
Aun así, el Club Sport Cartaginés no viajó a Vancouver para realizar el trámite. Fue a competir. Y lo hizo.
Los brumosos cayeron 2-0 ante Vancouver Whitecaps en el BC Place, con anotaciones de Kenji Cabrera y Sebastián Berhalter, resultado que los deja fuera de la competencia. Sin embargo, el marcador no refleja del todo el carácter que mostró el equipo de Old Metropolis en una noche disputada a sólo cuatro grados.
Durante el primer tiempo, el equipo de Amarini Villatoro demostró orden, personalidad y valentía. No se dejó intimidar por un rival que contó incluso con la presencia del campeón del mundo Thomas Müller. Por momentos, el técnico danés Jesper Sorensen parecía frustrado al no encontrar la manera de romper el bloque defensivo costarricense.
Cartaginés avisó temprano con un disparo de Luis Flores y volvió a generar peligro con Cristopher Núñez y Carlos Barahona. En defensa, Fernán Faerrón y compañía mantuvieron la presión, mientras Kevin Briceño se hacía más grande entre los tres palos.
El momento más destacado llegó en el minuto 38, cuando Vancouver anotó un penalti. Brian White cargó, pero Briceño detuvo el disparo con una estirada monumental, manteniendo viva la brumosa ilusión.
La diferencia acabó marcada por la profundidad del plantel local. La entrada de Thomas Müller cambió el ritmo del partido. El alemán no anotó, pero movió las piezas ofensivas, creó espacios y generó un vendaval que acabó inclinando la balanza.
Kenji Cabrera abrió el marcador y Sebastián Berhalter selló la clasificación faltando 10 minutos para el final, enviando a los Whitecaps a los octavos de final, donde se enfrentarán a los Seattle Sounders.
Cartaginés aguantó todo lo que pudo. Perdió, sí. Pero lo hizo compitiendo, dando pelea y dejando claro que el fútbol costarricense puede plantar cara con orden y valentía a rivales de mayores presupuestos.
En un torneo donde avanzar contra las potencias norteamericanas es una tarea compleja, los brumosos se despiden con las botas puestas.