Las palabras importan. En el fútbol a veces importan tanto como los resultados. Por ello, recientes declaraciones de Óscar Ramírez después de la derrota de Liga Deportiva Alajuelense en vista a Municipalidad de Liberia en el Torneo de Copa dejan una sensación incómoda: El discurso comienza a sonar peligrosamente parecido al que se escuchó durante años en Tibás.
Ramírez fue claro: si hay que sacrificar un torneo es la Copa. Que la prioridad está en el campeonato nacional y en la Concacaf. El razonamiento es práctico, incluso comprensible desde la planificación. El problema no está en la rotación, ni en dar minutos a los jóvenes, ni en la gestión de cargas. El problema es normalizar la idea de que hay torneos prescindibles.
Ese guión ya se leyó antes. Y no exactamente en Alajuela.
Durante los últimos años, MarianoTorrescapitán de la Deportes Saprissamenospreció públicamente a Copa Centroamericanaincluso tras eliminaciones ante rivales sin peso histórico en la región. El argumento era siempre el mismo: tienes que concentrarte en lo que importaen clara alusión a la Copa de Campeones de la Concacaf. El resultado fue doblemente dañino: derrotas justificadas y una identidad competitiva erosionada.
Ahí es donde la comparación se vuelve inevitable.
Un gran hombre no elige cuando competir
un gran club no establece prioridades desde el micrófono. Los define internamente, sí, pero externamente compite en todo. Alajuelense lo demostró recientemente. En 2025la liga ganó aquello por lo que luchóera bicampeón del Torneo de Copay pronunció un discurso acorde con su relato: ir por todo.
Por eso sorprende que ahora, desde el banquillo rojinegro, se empiece a instalar una narrativa que justificar el error antes de corregirlo. No porque el Torneo de Copa defina una temporada, sino porque Sí, define la mentalidad..
Los jóvenes no son una excusa, son una responsabilidad
Es verdad: el AUTO Es un importante semillero. También es cierto que varios jóvenes se concentran en Proyecto Metaen microciclos de selecciones menores. Todo eso es real. Pero Ninguna de estas variables puede convertirse en una coartada..
Si los jóvenes juegan, deben competir para ganar. Si se disputa la Copa, se disputa en serio. Lo contrario envía el mensaje equivocado: que hay partidos que se pueden perder sin consecuencias.
Y en Alajuelense, históricamente, eso no ha sido aceptable.
El riesgo de parecer el rival equivocado
La cuestión no es si Ramírez tiene razón en la planificación. El punto es ¿A quién se parece el discurso?. Alajuelense construyó su identidad diferenciándose de Saprissa en momentos clave: competir cuando otros relativizaron, ganar cuando otros explicaron.
Cuando un entrenador de Liga empieza a hablar de “sacrificar torneos”, el riesgo es no perder una serie de Copa. El riesgo es ceder terreno en la batalla culturalel que separa a los equipos grandes de los que acostumbran a justificarse.
Óscar Ramírez conoce esa historia mejor que nadie. Por esa misma razón, No puede comportarse como Mariano Torres ni adoptar un discurso que siempre criticó el Alajuelense cuando venía de Tibás.
Porque al final, en los grandes clubes, No sólo se mide lo que ganas, sino también cómo compites.. Y ahí también juega el lenguaje.