El 10 de noviembre pasado, en una votación dividida, la Asamblea Legislativa reeligió a Fernando Castillo como magistrado de la Sala Constitucional.
Aquel acto estuvo antecedido por un álgido debate en el que primaron las críticas al alto juez.
La mayoría de los cuestionamientos salieron de boca del oficialista Partido Progreso Social Democrático (PPSD), desde donde se le tildó de «liberacionista» y se le reprochó su ausencia en la entrevista a la que debía presentarse como parte del proceso en la Comisión Permanente de Nombramientos. Algunos de esos señalamientos tuvieron eco en el mismísimo presidente de la República, Rodrigo Chaves.
Pero otra buena parte salieron desde las curules del opositor Partido Frente Amplio (PFA), donde al abogado se le calificó de «conservador» por algunos de los votos que emitió en el pasado, como aquel que suscribió el 9 de agosto de 2018 en relación con el matrimonio entre personas del mismo sexo, o el que redactó sobre la objeción de conciencia.
Al final, aquella discusión terminó con 24 votos a favor de su continuidad y 20 en contra de la misma. Ese resultado le permitirá continuar al frente del tribunal más importante del país por ocho años más.
Desde el salón en el que él —junto a otros seis magistrados— tomó algunas de las decisiones que ahora se le reprochan, Castillo respondió en entrevista con .com —realizada el 19 de noviembre anterior —a algunos de los cuestionamientos que se le hicieron en aquella sesión. A continuación, la trasncripción de lo conversado:
¿Quién es Fernando Castillo?
Es un barveño, hijo de una maestra de primaria y hijo de un telegrafista, que se ha dedicado prácticamente dos tercios de su vida a trabajar en el servicio público y en la administración de justicia. Soy una persona que gracias al Estado Social de Derecho fui a una escuela pública, a un colegio público, al Nocturno de Barva, y luego ingresé a la Universidad de Costa Rica (UCR) y por el esfuerzo y gracias a Dios me gradué con notas de honor.
Tenemos una anécdota, en la que nos topamos en el restaurante La Lluna de Valencia, precisamente en Barva. ¿Le gusta la paella o es un tema de cercanía?
«Es un plato que a mí me gusta mucho. A mí me parece que la comida española, junto con la comida peruana y la mexicana están entre las tres mejores del mundo. Y es un plato que a mí me satisface mucho, sobre todo la paella marina, que es con productos, como su nombre lo indica, del mar. Y bueno, las veces que voy a España, que son pocas, lamentablemente, aprovecho para darme mis gustos en esa área.
Y, si mal no recuerdo, amante del fútbol también, ¿no?
Sí, me gusta mucho el fútbol. Bueno, lamentablemente muy triste por lo que aconteció ayer (18 de noviembre). Pienso que hay que, bajo un concepto de la mejora continua, tal y como ocurrió en el 2010, yo esperaría que estos jóvenes que están hoy en día haciendo, sean la base de la selección para el 2030, lo tengo muy presente, en el Mundial España-Portugal-Marruecos, nos representen y que hagamos un papel semejante o mejor al que hicimos en Brasil 2014.
¿Cuál ha sido su trayectoria?
Sí, yo, 26 años estuve en la administración pública. Yo inicio mi carrera el 1 de noviembre del año 1984 en la Asamblea Legislativa. Ahí estoy hasta el año, hasta abril del año 1999, con una pausa porque estuve tres años y tres meses en la Presidencia de la República.
En el año 99 soy (nombrado) procurador constitucional durante 10 años. Y el 16 de noviembre del año 2009 soy electo magistrado de la Sala Constitucional.
En este momento tengo 16 años de estar en el Poder Judicial. Es decir, no soy, digamos, una persona con pedigrí para ponerlo en esos términos judicial, porque realmente, de mis 41 años de servicio, 26 los hice en la Administración Pública y 16 en el Poder Judicial.
Este último proceso de reelección, su tercero proceso, ¿cómo se lo toma?
Yo creo que en el caso particular yo me siento con capacidad de seguir aportando al Tribunal. Creo que en el Tribunal y en la Corte Suprema de Justicia soy una persona bastante responsable en cuanto a la emisión de criterios, muy responsable en cuanto a mi trabajo.
Lamentablemente el 23 de agosto tuve un quebranto de salud muy importante y eso ha implicado que tenga que darle antes que todo prioridad a restablecer mi salud. Estoy en un proceso de recuperación.
Y me parece, en resumen, que creo que puedo aportarle mucho al país todavía. No sé si la enfermedad o si Dios me va a permitir terminar este periodo. No lo sé. Pero mientras yo sienta capacidad, sienta que mis fuerzas me lo permiten, mi conocimiento, pues seguiré aportando al país lo que yo considero que debo aportar.
Entenderá que es una pregunta casi obligatoria, a pesar de lo personal que puede ser, ¿pero en qué consiste quebranto que lo tuvo?
Yo he tratado, por ser un dato sensible, de mantener con la mayor reserva el tipo de enfermedad que estoy sufriendo. Pero sí le puedo mencionar que es un tipo de enfermedad donde yo no me puedo descuidar porque es una enfermedad que, de desarrollarse, pone en peligro mi vida. Y la pone en peligro en una situación bastante crítica.
Precisamente, durante el proceso de reelección, se cuestionó su ausencia en la comisión legislativa.
Bueno, es lógico. Yo comparto plenamente que todos tenemos que ir a rendir cuentas. Pero aquí se presenta una situación justificada, que es el tema de priorizar mi salud.
Lógicamente, esa no ha sido mi actitud. Si algo me ha caracterizado a mí en la vida es que siempre he ido a rendir cuentas. Y cuando alguien me pide un debate, con mucho gusto pues estoy dispuesto a aceptar ese debate, siempre y cuando las reglas así me lo permitan de la Corte.
E incluso en la última reelección yo fui a la comisión, y la comisión rindió un dictamen de mayoría afirmativo. Y se me ha criticado porque el día que tenía que hacerse la votación no hubo sesión, pero eso es un tema que a mí no me compete, eso es un tema que escapa de mis potestades, de mis atribuciones. Es un tema de que, lamentablemente, ese día falleció el diputado (Juan) Marín y ese día (16 de noviembre de 2017) no hubo sesión, pero eso no fue responsabilidad de quien le haga.
En este caso, lamentablemente, yo no pude asistir. Yo estaba preparado para ir a esa comisión. Yo tenía todos mis documentos. Ese día que a mí me indican que ya debo internarme, ese día yo estaba preparando mis intervenciones.
Desde el oficialismo se le señaló a usted de liberacionista. ¿Eso es así?
Vea, el primero de abril del año 99 yo entré a la Procuraduría General de la República (PGR). estamos hablando hace 27 años. Y la ley orgánica tiene una disposición, y es que uno debe ser total y absolutamente apolítico.
Desde el primero de abril del año 99 a la fecha, yo he mantenido una posición de absoluta imparcialidad, de absoluta independencia, y no tengo ningún ligamen con ningún sector de la política.
Me parece que eso es una crítica infundada. Eso es como criticar a alguien porque en el pasado tuvo tal o cual situación, y esa situación no se está dando en el presente. ¿Por qué nos está dando en el presente? Porque no hay pruebas concretas, específicas que digan lo contrario.
Entonces, es un hecho irrefutable, desde mi perspectiva, por lo menos de que la magistratura, de que mi condición de caso mío, yo ejerzo la magistratura con independencia, con imparcialidad y con objetividad.
Una crítica recurrente en estos procesos, tiene que ver con la perpetuidad de los magistrados, sus extensos periodos en el cargo y lo difícil que resulta removerlos. ¿Qué opina usted de esto?
En el mundo hay dos grandes modelos. El modelo de los Estados Unidos, de Argentina, de Uruguay, por citar algunos; donde la Constitución de los Estados Unidos dice que los altos jueces de la Suprema Corte se mantendrán en el cargo siempre y cuando observen una buena conducta. Nunca han quitado un juez de la Suprema Corte y los jueces se han retirado a los 90, 91 años. El caso de (William J.) Brennan, el caso de Clarence Thomas, el caso, recientemente, de Antonin Scalia, el caso de (Ruth Joan Bader) Ginsburg, por ejemplo. Ese es un modelo.
Luego tenemos el modelo europeo, que el modelo europeo en relación con magistrados constitucionales son plazos fijos. En Italia son 15 años, en España son 12 años.
Costa Rica tiene una posición ecléctica, que es que uno lo nombra por 8 años y si no obtiene una votación contraria, una no reelección con una mayoría calificada, se mantiene en el tiempo. Creo que el constituyente fue sabio. Si usted me pregunta a mí, yo no cambiaría este modelo. ¿Por qué no lo cambiaría? Bueno, me parece que es importante que los jueces, los altos jueces, con el paso del tiempo van desarrollando mucha experiencia, lo que llaman mucha experticia. Y eso le da un valor agregado al ejercicio de la función.
Creo que el modelo en Costa Rica ha funcionado. No podemos volver al modelo del 49, que era la inestabilidad de los jueces de la Suprema Corte, que eran nombrados por cuatro años y cuatro años después eran quitados por el Congreso constitucional, y eso creaba una gran inestabilidad. Hay que leer las actas de la Constituyente, porque el constituyente no se decanta por el plazo indefinido o la magistratura perpetua, no se decanta por plazos fijos, por la mala experiencia de la Constitución de 1871, y opta por una posición intermedia, que es la que tenemos, que yo en lo particular estoy de acuerdo que se mantenga.
Del otro lado, en la oposición, también hubo críticas. Desde el Partido Frente Amplio, se dijo que usted es muy conservador.
Yo pienso que es un reduccionismo el limitar la magistratura a dos o tres temas, porque en el Tribunal Constitucional nosotros abordamos cientos de temas. Entonces, decir, bueno, es que este magistrado en estos dos o tres temas tiene una posición conservadora y por consiguiente es conservador, me parece que eso no lo admite ningún razonamiento lógico.
En segundo lugar, decirle que todos los votos míos en esos dos temas que al señor diputado le parece que no deben ser, son razones jurídicas. Si usted lee, o cualquier persona lee, esas razones que yo doy en mis votos, se dan cuenta que son razones eminentemente jurídicas.
Y en tercer lugar, pienso que en una sociedad pluralista, en una sociedad donde hay diversidad de pensamiento, todos tenemos cabida en el Tribunal Constitucional, desde los que se dicen ser conservadores hasta los que se dicen ser muy, pero muy progresistas o gente que tiene una visión más de adaptabilidad de las normas a la realidad.
En esto, esto es un tema que está presente en todos los tribunales constitucionales del mundo, pero yo creo que desde el punto de vista ideológico, político, programático, los diputados están en todo su derecho en no apoyar a una persona que dicen que no considera o que no comulga con su ideología.
Lo que sí me parece que sería antidemocrático es que se establezca una barrera insalvable para que ciertas personas que piensan de una manera no puedan llegar.
Yo no tengo ningún problema que el día de mañana llegue un compañero que piensa diametralmente opuesto a lo que yo pienso. Me parece que eso es parte de vivir en una sociedad donde hay, como decía un gran juez de los Estados Unidos, (Oliver Wendell) Holmes, un libre mercado de ideas, donde todos cabemos y donde todos, bajo una línea de respeto, podemos convivir en paz, en libertad y sostener nuestras posiciones.
¿Usted se considera conservador?
En algunos temas.
Pero ese tema de conservadores, liberales, progresistas, de izquierda o derecha, es un tema, para serle muy honesto, es un tema que tiene un raigambre histórico porque cuando se reunieron los, antes de la Revolución Francesa, se reunieron los miembros de la aristocracia, el tercer estado francés, y resulta que los aristócratas estaban del lado derecho y el tercer estado, la gente del pueblo, vamos a ponerlo así, estaban del lado izquierdo. Ahí viene derecha-izquierda.
Yo creo que hoy en día esos términos están muy, perdóneme la expresión, entre comillas, muy manoseado. Y creo que lo que conviene en estos tiempos es ser muy pragmático a la hora de encarar un problema. Y en este caso el Tribunal Constitucional, a la hora también de encarar un asunto propio de derechos humanos o de defensa de la Constitución. Lógicamente teniendo como marco ese pacto fundacional que es la Constitución, que lógicamente limita o establece un vallar insalvable a los jueces constitucionales.
Usted dice que en algunos temas sí es conservador. ¿En cuáles?
Se ha dicho que yo soy conservador porque fui el único voto salvado en el caso del matrimonio entre personas del mismo sexo. Entonces la gente dice «es que es muy conservador».
Probablemente en otros temas, como el tema de objeción de conciencia, donde yo fui el redactor del voto de objeción de conciencia, ya que hay algunos que consideran que eso no debe existir. Me parece que está fuera de toda discusión. En España el Tribunal Constitucional solo conoce ciertas violaciones a ciertos derechos del 14 al 30 y objeción de conciencia. La Suprema Corte de Estados Unidos sí es un tribunal que ha entrado a analizar el tema de la objeción de conciencia, lo mismo el Tribunal de Europa de Derechos Humanos. Para algunos sectores es un ser conservador.
Creo que ahí podría puntualizar dos casos específicos.
En cuanto al matrimonio igualitario, ¿por qué salvó el voto?
El tema es muy simple. Para mí, no es que las sociedades son estáticas. Lógicamente las sociedades evolucionan. Ahora, al estar desde la perspectiva del voto mío, siendo el matrimonio una institución, desde la óptica del constituyente originario, entre un hombre y una mujer, a quién le correspondía dar el paso no era al Tribunal Constitucional, era al Parlamento o eventualmente al pueblo en un referéndum, como ocurrió en Irlanda.
¿Básicamente por un asunto de la forma de llegar ahí?
De la forma de llegar ahí. Pero si el día de mañana la sociedad quiere evolucionar en muchos temas, bueno, como dice un gran jurista español, es que las grandes decisiones de una sociedad deben ser tomadas por órganos plurales y democráticos, y no por órganos menos plurales que tienen una legitimación democrática de segundo grado, como son los tribunales constitucionales. Yo en mi voto, que son 100 páginas, doy todas las razones.
Prueba de ello es que, por lo menos en Europa, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) no ha sido de la tesis de acoger como violatorio del Convenio Europeo de Derechos Humanos y los 16 protocolos, el matrimonio entre personas del mismo sexo. Sino que eso lo ha librado a cada uno de los Estados miembros de la Unión Europea.
Pero eso no sería, conservador, eso sería un asunto más de forma. Por lo menos desde lo que usted me explica, yo interpretaría que no es un asunto ideológico, sino más bien que es un tema de las circunstancias en las que está llegando a esa decisión.
Es decir, quién debe tomar la decisión.
Por ejemplo, cuando yo salvé el voto, porque se estaba convocando un referéndum sobre el tema del matrimonio entre personas del mismo sexo, yo salvé el voto y dije: «sí, vamos al referéndum». Y entonces alguien esbozó la tesis de que los derechos de la minoría no pueden quedar en manos de la mayoría.
Vamos al caso de Irlanda. Irlanda es uno de los países más católicos del mundo. Es más, es un Estado confesional. ¿Y cómo quedó el referéndum? En el referéndum quedó que el pueblo dijo «queremos el matrimonio entre personas del mismo sexo». Entonces, ¿cuál es el problema?
Esas son visiones de magistratura constitucional. Para mí las grandes decisiones de una nación tienen que tomarse en Cuesta de Moras (la Asamblea Legislativa) o, en su defecto, a través del soberano.
Usted preside este Alto Tribunal y este ha sido blanco de constantes ataques de parte del presidente de la República, Rodrigo Chaves. ¿Qué le responde usted?
En una sociedad democrática, cada quien tiene derecho a formular sus críticas. Es decir, el presidente, los señores diputados y los ministros están en todo su derecho de formular críticas al Tribunal cuando una sentencia no les parece.
Y eso no es algo exclusivo de Costa Rica. En el caso de los Estados Unidos, recuerdo cuando la Suprema Corte declaró inconstitucional la prohibición de que las grandes empresas pudieran hacer contribuciones a los partidos políticos, el presidente (Barack) Obama dijo que «mire, este Tribunal ha devaluado a los partidos políticos, los ha colocado en una posición muy baja». El caso reciente, que se revisó Roe versus Wade y se volvió a la tesis anterior del 73, el presidente (Joe) Biden generó una crítica importante a la Suprema Corte. Y lo mismo muchos diputados en relación.
El presidente, lógicamente, está en todo su derecho de formular críticas al Tribunal. Y eso yo lo entiendo, dentro de una sociedad democrática, abierta. El Tribunal no tiene temor a que nos hagan críticas. Estamos en esa posición.
Lo que sí, y ahí recurro a una frase del presidente John F. Kennedy, lo que sí nadie tiene derecho es a incumplir las resoluciones del tribunal. Y yo he de decir que, por lo menos en todos mis 16 años que he estado como magistrado, todos los gobiernos, a pesar de las críticas que nos han hecho, han sido muy respetuosos de nuestras decisiones. Han acatado nuestras decisiones. Y desde la perspectiva del Tribunal, eso es tal vez lo más relevante. Eso es lo que le puedo decir.
¿Y se mantiene ese cumplimiento de parte del gobierno?
Sí, es decir, yo no… por lo menos en las grandes decisiones que ha tomado este Tribunal, que al Gobierno no le han parecido, todas las sentencias, por lo menos hasta donde yo tengo entendido, han sido acatadas, han sido respetuosos (de ellas). Y eso es parte de vivir en una sociedad, como decía John F. Kennedy, donde la base de nuestra convivencia es el respeto a las decisiones judiciales.
Es curiosa la cantidad de críticas del presidente y sus diputados, cuando en muchas ocasiones, usted ha apoyado las tesis del Gobierno.
Bueno, es que aquí, en el Tribunal, todos sus miembros que resolvemos con base en criterios de objetividad. Y, lógicamente, cuando hay que darle la razón al Gobierno, se la vamos a dar. Cuando no la tienen, no se la vamos a dar.
En esa dirección, yo creo que, independientemente de las distintas posturas, el Tribunal tiene que tener la sabiduría de estar por encima de la contienda política del momento. El Tribunal tiene que tener la capacidad de ver más allá. Como decía un gran jurista, presidente de la Corte Constitucional Italiana, nosotros estamos llamados a defender esas normas que constituyen el pacto fundacional que trasciende la coyuntura política y política electoral.
¿Qué proyectos le gustaría impulsar o dejar concluidos en este nuevo periodo?
Uno de los temas que es importante es el edificio de la Sala Constitucional. Esperamos en Dios, para el año 29, tener ya nuestro propio edificio.
Otro aspecto importante es también proyectar al Tribunal, ya no desde la óptica solamente como el que imparte justicia constitucional, sino a través de nuestra revista constitucional, poder crear un foro permanente de académicos, de gente experta, que nos estén señalando, por decirlo así, aquellas cosas que no están bien desde el punto de vista de nuestra jurisprudencia.
Y, en tercer lugar, me parece a mí que es necesario, como una labor permanente de este Tribunal, seguir tutelando de manera efectiva los derechos fundamentales de las personas. Sobre todo de los grupos más vulnerables. Y, cuando me refiero a grupos vulnerables, no me refiero solo a grupos desde el punto de vista de personas que tienen algún estado de discapacidad, que están en otras situaciones como podrían ser ciertas limitaciones, sino, me parece a mí, que también hay grupos vulnerables que esta sociedad tiene que amparar, que son todas aquellas personas que están viviendo situaciones de pobreza y pobreza extrema.
Lógicamente, el tribunal en eso es poco lo que puede hacer, porque el diseño, la adopción y la ejecución de políticas públicas en ese área son propias del Poder Ejecutivo y del Poder Legislativo, pero en lo que el Tribunal pueda contribuir, a partir de un concepto que utiliza el Tribunal Federal Constitucional Alemán, del mínimo vital, creo que es fundamental también amparar a estos grupos de personas que, lamentablemente, no la están pasando muy bien en nuestro país.
¿Se ve inaugurando el edificio en 2029?
Me gustaría, pero eso no es lo que uno quiere, sino lo que Dios dispone.